Número #22
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La historia de la Semana Santa es un continuo cambio, marcado por hechos o personas que dejaron huella. La Semana Santa de Sevilla del XIX, y por consiguiente la actual, no se puede explicar sin los duques de Montpensier y la llegada de su mano de tantos foráneos y visitantes ante el esplendor revitalizado de la fiesta a partir de la pequeña corte de los Orleans. Aquí comenzó el desembarco. La fiesta no se puede entender sin la presencia de grandes viajeros, mayormente artistas y literatos, que ejercían del Internet de la época buscando lo exótico. La Semana Santa era un espectáculo en la calle que retrotraía al pasado, pero ocurría en el presente. Franceses, británicos, del sur de América, de la Europa soviética, todos querían conocer una fiesta genuina aportando una visión enriquecedora o vorazmente crítica.
La espiritualidad, sentimiento, identificación y arte de la fiesta se fueron elaborando siglo a siglo entre las propias hermandades y la ciudad. La llegada del término «atracción turística» puso de acuerdo al gobierno y a las propias hermandades. Ahí había dinero para todos y ¿quién le dice a eso que no? El caníbal olía la carne fresca.
Los foráneos han narrado la Semana Santa de los duques, la de los felices años 20 y la Sevilla iberoamericana, la de una Sevilla decadente con revestimientos de fiestas, la de una guerra que pasó por aquí tan rápida como cruel, la de una posguerra de hambruna y coronas de oro, la de una dictadura de tipismos, exaltación del folclore y nacionalcatolicismo, la de una transición de curas obreros anticofrades y la de una etapa contemporánea masificada y con rutas de turoperadores. La globalización ya es imparable. El turismo expulsa a la gente de sus barrios y devora las identidades urbanas. Te devora pero deja los huesos para que nosotros los podamos roer. Muchos turistas ya no son aquellos que pintaban cuadros y escribían textos, ahora ven procesiones en bañador mientras secan las toallas en el balcón.
Turismo voraz, como un caníbal que vive de experiencias inmediatas devorando sus presas en un abrir y cerrar de ojos. La Semana Santa ya es su postre.
Hay existencias