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07/10/2024
La portada
Jaime Rodríguez
La Cruz pectoral y el anillo eran ya insignias episcopales a comienzos del siglo VII. Fue precisamente San Isidoro, siendo obispo de Sevilla, quien dirigiendo el IV Concilio de Toledo, celebrado en el 633, mencionó: «Datur episcopo dum consecratur et annulus propter signum pontificalis honoris vel signaculum secretorum» es decir, la Cruz «se entrega al obispo cuando es consagrado y un anillo por el signo del honor pontificio o el sello de los secretos».
Las manos de nuestro arzobispo José Ángel Saiz Meneses, con la cruz pectoral y el anillo nos llaman a la unión de todos bajo el mismo símbolo, bajo la Cruz del Pastor. El principal signo del cristianismo debe servirnos para «remar mar adentro», confiando en Dios, sin temer lo desconocido, saliendo -porque no decirlo- de nuestra zona de confort, al igual que hicieron los apóstoles en «la pesca milagrosa».
En el centro de la Cruz la figura de Cristo nos hace ver la Pasión y en los extremos el tetramorfos de los cuatro evangelios canónicos. Sevilla y su Semana Santa son un quinto evangelio visual que nos muestra la pasión de Cristo, pero no nos apartemos del rebaño. Todas las ovejas deben de estar en él, yendo en la misma dirección, configurando un conjunto grande, fuerte y compacto. Esperemos que entre las hermandades y sus cofrades no destaquen ovejas negras que distraigan nuestra atención.
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De la divinidad vertical que va del cielo a la tierra, a la humanidad horizontal que caminó por el mundo. Dios se hizo símbolo en dos líneas cruzadas que cambiaron la historia. Todos los expertos, gurús y listillos de turno del marketing y el diseño, con todas sus palabrejas técnicas, sus recetas mágicas para el éxito jamás pondrán de ejemplo que el mayor triunfo simbólico se hizo con dos líneas, que recordaban a un madero donde colgaron a un hombre. Es el símbolo por antonomasia. Una tortura romana, despreciable, que asustaba al mundo antiguo, se convirtió en la esperanza de los hombres. Dioses que resucitaban hubo muchos; dioses que regresaban de entre los muertos, que caminaban por la tierra, que adquirían forma corpórea y dioses que sanaban, curaban, levitaban, caminaban sobre el agua o mandaban diluvios. De esos hubo muchísimos. ¿Saben lo que no hubo jamás hasta hace casi dos mil años? Un Dios que se dejase morir para salvar a los hombres. La Cruz es el símbolo más importante de la historia, porque cuenta la más bella historia, única y definitiva. En Sevilla la contamos en cada rincón pero andamos siempre en detalles, nos señalan la luna y miramos al dedo. Pasamos de refilón, corriendo, a bandazos, casi empujando las cruces de guía que en siete días recorren las calles como torrentes de agua, como ríos rápidos y caudalosos de encapuchados nazarenos que van detrás de esas dos líneas cruzadas. Imposible ser neutral cuando la cruz se pone en movimiento, que ya decía Manolo Centeno aquello de «Silencio, pueblo cristiano». Nosotros no somos tanto de callar, pero sí de ponernos tras la cruz, ¿dónde va a estar un nazareno si no? Y más que querer crucificar a nadie con tantos lamentos y quejas de nuestra fiesta, queremos salvarnos. Que ya habrá tiempo para convertirnos como Longinos y volver a mirar las calles repletas de cruces en siete días y exclamar… verdaderamente esta es la ciudad de Dios.
La opinión
Javier Garrido
Una escalera para subir al madero
Adelardo Martín de la Vega
No disparen al pianista
José Ignacio del Rey
La melodía
Ruth Ragazonni
Lignum Crucis
Álvaro Dávila-Armero
Cruces
Dani Jiménez
La cruz de San Andrés
Alejandro Vázquez Sempere
Cruce de correspondencia
Carlos Cabrera
De forma irónica y fabulada Carlos Cabrera ha interceptado las cartas que cruzaron los principales protagonistas de la organización de la procesión magna de diciembre. Sus filias, fobias, posiciones y orgullos llevados al género epistolar. Todo es ficción, claro.
El arzobispo de Sevilla
Álvaro Dávila-Armero y Carlos Cabrera
Se nos abren las puertas del Palacio Arzobispal para entrevistarnos con don José Ángel Saiz Meneses y conocer un poco más de su vida en Castilla La Mancha, su medio siglo en Cataluña y su llegada y rápida adaptación a la sede sevillana y sus cofradías.
Maldito Diario
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En un arrebato de amor propio, un hermano mayor de vísperas, mejor dicho del Sábado de Pasión, escribe en su maldito diario un alegato en el que pide igualdad. Quieren ser como las que van a la Catedral, y en cuestiones de rellenar la cartera también.
Aquí es Semana Santa todo el año
Raúl García Alcañiz
El Mirlo Blanco
Fernando Blanco
En esta ocasión, Fernando Blanco nos descubre la personalidad y el sentimiento cofrade de Paco Tous, el conocido actor sevillano, Medalla de Andalucía, que sigue siendo un niño de Pío XII vestido de nazareno.
El patrimonio disperso de la Vera Cruz
Francisco Amores
Siempre la Cruz
Enrique Guevara
Made in Pakistán
Lorena Muñoz Limón











