#20
10/02/2025
La portada
Jaime Rodríguez
Pilatos, Herodes, Anás, los santos varones, Simón de Cirene, Zaqueo, Longinos, Malco, los apóstoles, las Marías, los ladrones, sanedritas, centuriones, esclavos, la Verónica… podría haber sido cualquiera de ellos, de «los buenos» o de «los malos», pero ha sido la
arrolladora expresión de Caifás, con su terribilitá miguelangelesca, la que nos ha servido para ilustrar la importancia que tienen los personajes secundarios de la pasión en nuestras cofradías.
Tan sólo tienen que recordar que hay pasos que se conocen por el nombre del secundario; otros dónde la imagen es casi la protagonista de la escena; las que alcanzan una maestría y calidad que ya quisieran algunos titulares; los personajes que nos generan odio y rechazo; los que nos dan ejemplo; los que nos sacan una sonrisa; los maravillosos grupos que conforman misterios absolutamente excepcionales…
Son más de cien las imágenes de esos «secundarios», que en muchos casos son imprescindibles en nuestros pasos. Todos tenemos clavada en nuestra memoria, la mirada de tal, el gesto de cual, actitudes, situaciones, esfuerzos, tensiones, amores, y toda una gama de emociones, que son en sí mismas, el alma de nuestra Semana Santa.
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Malditas facturas en B de las bandas o las manos que se meten en las cajas. Malditas las leyes de los gurús televisivos, los talibanes de la tradición de sus cortas narices. Malditos los que pusieron vayas al ciudadano, los que cerraron calles donde solo caben los pasos sin pueblo, malditos los que consideran el alzacuello una cadena para tirar del perro. Malditos los secundarios que medraron en la candidatura separando en dos su hermandad. Malditos los que vinieron a buscar votos con la vara en la foto, malditos los orondos y felices comedores de croquetas, las sagradas familias de quienes convirtieron la casa de todos en su cortijo. Malditos los vanidosos que lucen, con los ojos ciegos, brazos y pecho de costaleros entre nazarenos. Malditos los agoreros de los excesos, los alias falsos de los escondidos cofrades de las redes. Malditos los Caifases, los Herodes, los Judas, los Malcos, los Pilatos, los sayones, los soldados romanos, malditos secundarios.
Y benditos… benditos secundarios. Bendito el anónimo prioste curtido en años, que no salió en las fotos de los enchaquetados por pasar la noche montando. Benditos los artistas y artesanos, robinsones que prefirieron la isla desierta de la excelencia a la comodidad cotidiana de la mediocridad mediática. Benditos los secundarios que fundieron cirios, que limpiaron plata, que repartieron boletos de tómbolas cuando no había subvenciones, que escondieron imágenes ante la barbarie, que levantaron con sus manos casas hermandades, que remendaron bajos de túnicas, a los que les dieron las tantas apretando tuercas, que recogieron cuotas casa por casa, que llamaron al costero varias décadas desde su puesto de contraguía, que perdieron tiempo de su familia en la que fue su otra casa. Bendita la penitencia del penitente, la oración del orante, la flor del donante, los logros de quienes no salen en los anales, los que hicieron la foto a quienes recibieron las medallas. Benditos San Juanes, benditos cirineos, benditos San Dimas, benditas santas mujeres, benditos santos varones, benditos Secundarios.
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