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¡Marchando otra Cuaresma!

¡Marchando otra Cuaresma!

Texto de Álvaro Dávila-Armero

Exposición «Con oro de Ofir», en Jerez de la Frontera Fotografía de Álvaro Dávila-Armero

Soy de los que acaban de coger las vacaciones. Este año han llegado en septiembre y tengo una extraña sensación pues, terminado agosto, parece que renace una especie de nueva primavera, la otra Cuaresma. La verdad es que todo es bastante raro ya que, a pesar de los cuarenta grados que padecíamos hace unos días, estuvimos visitando la exposición «Con oro de Ofir» que han organizado en Jerez de la Frontera. Y allí que fuimos, después de un día de playa, a sorprendernos con las joyas que conserva la ciudad del fino. Diecisiete mantos extendidos en una antigua bodega -como no podía ser de otra manera– pero con más calor del que pasé poco antes en las preciosas calas en Conil. ¡Por Dios! menos mal que eran bordados y no se mostraban replanteos de candelerías, por que no hubiera hecho falta ni el cazo para la fundición. 

¿Hay un tiempo para cada cosa?, pues contesten ustedes, pero la realidad es que estamos a las puertas de varias salidas extraordinarias –con varias me refiero a una tras otra, dentro y fuera de Sevilla- coronaciones canónicas y magnas. La verdad es que los fatiguitas de esto no pueden pedir más, si acaso vales descuento de Repsol para la cantidad de kilómetros que van a hacer en las próximas fechas para acudir a Gerena, Castilleja de la Cuesta, Sanlúcar la Mayor, Las Cabezas de San Juan, Estepa, Jerez de la Frontera… y siga sumando. Si es usted de los clásicos de toda la vida, de los que solo ve las cosas de la capital, no tiene por qué preocuparse en absoluto, pues también podrá disfrutar de un pack completo que incluye traslados, extraordinarias conmemorativas de todo tipo, coronaciones y, por supuesto, la denominada «traca final», la magna, la del Paseo Colón, que suena más a final de etapa de La Vuelta que a itinerario procesional, pero visto está que el ser humano se adapta a todo.

Precisamente, ese es el miedo que me da, la aparente facilidad que hay para absorber –a veces incluso con naturalidad– casi absolutamente todo. Pienso en imágenes que últimamente van a tener el cuentakilómetros del papamóvil. ¿Qué será cuando nos llegue la Cuaresma? la de verdad, la que comienza ese miércoles en el que nos recuerdan que no somos nada ¿qué diferencia tendrá con el resto del tiempo? ¿llegaremos fatigados? ¿o las ganas pueden con todo? Ya lo iremos viendo, pero las auténticas Cuaresmas de antaño o la ilusión de Reyes Magos que tenía uno la mañana del Domingo de Ramos ya tan solo son un recuerdo en mi memoria. Y ojo, que no estoy en contra de las extraordinarias, ni de las exposiciones, faltaría más.

Continuando con Jerez, me parecen estupendas ese tipo de exposiciones, eso sí, se echa en falta un catálogo, siempre necesario, pues ya sabemos que si no, las exposiciones se las lleva el viento, como la arena en esas bellas playas en las que un «levante» te puede arruinar tus esperados días de vacaciones.

Pues poco más que añadir, que tengo esa extraña sensación, ya no de espera, sino incluso de intriga por ver cómo se van a desarrollar los próximos meses, que vienen más cargados que los Reyes de Oriente. Sólo espero que nunca perdamos la ilusión.