El cartel de Rufián
Texto de Dani Jiménez
No ha terminado este primaveral enero cuando a los cofrades nos han regalado la primera e ¿inesperada? polémica de este aún joven 2024: la presentación del cartel de la Semana Santa de Sevilla se convierte en tema de debate nacional y acapara portadas de medios de comunicación de muy diversa índole durante todo el fin de semana, lo cual tampoco habla muy bien de las alternativas de ocio y culturales de la población española en esta interminable cuesta de enero.
Pocos minutos después del mediodía del sábado, en la céntrica sede de la Caja Rural del Sur, el prestigioso pintor Salustiano García nos sorprendía con la obra anunciadora de nuestra Semana Santa. No es necesario describirla, ya la conocen. Al momento, las redes sociales y móviles se llenaban de opiniones, burlas, likes, memes y stickers donde se mezclaban de modo poco uniforme la guasa bien utilizada, el mal gusto, la superioridad moral del progresismo, el absurdo olor a naftalina del conservadurismo y, por supuesto, la clásica dualidad sevillana.
La repercusión fue más allá de lo cofrade y de lo local, alcanzado cotas nacionales, donde la ideología de cada cual abanderó las virtudes y defectos de la obra pictórica. Incluso, el ínclito Rufián llegó a opinar, en esa extraña y novedosa preocupación por las fiestas populares de nuestra ciudad, rememorando otras cuitas personales con la Cabalgata de Reyes, mostrando su evidente desconocimiento, puesto que el seis de enero ya está olvidada de la memoria del sevillano hasta el año que viene. La Sexta tampoco perdió su oportunidad, aunque parece que venía aleccionada previamente. Los del otro bando nacional tampoco faltaron a su cita, promoviendo una censura y caza de brujas más propia de otras fechas ya felizmente superadas con los Abogados Cristianos al frente en busca de «medidas contundentes» (¿Alguna vez han conseguido algo?). Al cierre de este artículo, la polémica adquiría ya tintes internacionales, el «Cristo Gay» lo llaman en Italia y la obra de Salustiano ya tenía incluso letras en el gaditano Teatro Falla.
Como la gran mayoría, tengo poco conocimiento de arte contemporáneo. A buen seguro es una gran pintura. Ha conseguido el objetivo de llamar la atención allí donde se exponga y aumentará la fama del autor, pero la impresión generalizada es que no representa ni anuncia la Semana Santa de Sevilla ni invita a desear más la llegada del 24 de marzo, fecha que por cierto no aparece en el cartel.
No obstante, la obra de Salustiano ni escandaliza ni falta al respeto a cofrades ni a cristianos. Es una representación idealista de Cristo cuyo mensaje y recursos han sido muy utilizados y compartidos durante toda la historia del Arte -la explicación del autor lo corrobora-. Tal vez, alguien le debería haber recomendado a Salustiano leer a Eugenio Noel para entender que nuestra Fiesta tiene muy poco que ver con la Resurrección. Al menos, la inclusión de elementos tan cofrades como el sudario del Cachorro le otorga algo de «sevillanía» a un cartel, que sin ellos, también podía haber anunciado la Semana Santa de Pamplona, no nos engañemos. Por cierto, me hizo recordar la frase que un amigo cofrade no autóctono me dijo hace poco: «Dani, un trozo del sudario del Cachorro vale más que toda esta procesión magna que has venido a ver» (perdonen mi cobardía al no citar la localidad de mi amigo).
Salustiano tendrá aún más fama. Su obra será recordada y posiblemente mitificada en el futuro, especialmente en ciertos círculos y ámbitos, pero la Semana Santa de Sevilla no necesitaba una polémica adicional y casi gratuita. Su fama va más allá de este cartel. Cuando lleguen los días grandes, posiblemente seguirán viéndose momentos mediáticos relacionados con el cartel producto de aquellos que ven en la celebración un motivo adicional más de adoctrinar política e ideológicamente en ambos bandos. En los dos, sin exclusión.
Que nadie se preocupe más de la cuenta. No habrá caza de brujas ni quema de libros (en este caso pinturas) en ninguna plaza pública. El tolkiano arzobispo Sainz Meneses ha llamado a la calma desde sus intensas redes sociales donde, por cierto, no ha publicado el cartel, prueba que en las altas instancias no ha gustado la obra. En este agitado año de Congreso Internacional de Cofradías no es momento de cortar cabezas.
Poco a poco la actualidad de la Cuaresma acabará devorando y olvidando este controvertido fin de semana de enero. Las opiniones positivas crecieron conforme los ciudadanos nos asomábamos a los primeros actos cofrades del año. Este fin de semana fue el «chupinazo» de inicio de la antesala de la Cuaresma, cuya existencia desconocen, obviamente, Salustiano y Rufián (tampoco somos tan importantes). Ya imaginé el cartel colgado en algún establecimiento de la Plaza de San Marcos, cuando el Cristo de la Buena Muerte de San Julián realizaba el viacrucis en su peregrinar de conventos, medallas azules, cirios tiniebla y ciclistas alternativo protestones: «Otra puta procesión. Qué asco de ciudad». Sevilla versus Sevilla, no necesitamos más rufianes externos. También lo imaginé en los establecimientos más tradicionales de las calles Sierpes o Cuna, cuando el Niño Jesús de Praga del Santo Ángel sorteaba veladores, paraguas de free tours y patinetes de alquiler, pero Arahal bien merecía el esfuerzo que es una tarde de sábado en el Parque Temático del centro de la ciudad. Hasta aparecerá en el kiosko de San Pedro, donde este sábado los hermanos del Cristo de Burgos sacaban en procesión claustral al Santísimo, mientras los respetuosos mendigos y aparcacoches le solicitaban su amparo.
Con el final de este domingo en minúsculas se fue apagando el revuelo, al menos en la ciudad. En San Roque, San Julián, San Bernardo o los Terceros celebraron sus cultos soñando con la llegada de lo que -no- anuncia el cartel: el Domingo, ese sí con mayúsculas, que está por venir.
