Contubernio Santo
Texto de Dani Jiménez y Germán Villa
Empieza a intuirse hartazgo en la comunidad cofrade ante la oleada de cambios y modificaciones en la nómina durante el último lustro, incluso con los dos años pandémicos en blanco. Se percibe cierta desorientación a la hora de ubicar horarios e itinerarios a hermandades que habitualmente se encajaban en una franja espacio temporal reconocible tras décadas de estabilidad -e inmovilismo, no lo olvidemos-. No obstante, los redactores de este artículo no pertenecen a esa corriente de opinión, sino que más bien nos mostramos encantados de que tras años de espera, la configuración de recorridos se modifique gradualmente, buscando tanto nuevas estampas como una mejor organización de las jornadas.
De todos modos, si un día se ha caracterizado por los cambios en los últimos cincuenta años, ese ha sido el Miércoles Santo. Famosas fueron en los setenta, ochenta y principios de los noventa las permutas, los ciriazos, las entradas al alba, los retrasos, los notarios testificando entradas en carrera oficial con cirios apagados y quejas públicas en diferentes medios. La ubicación de las cofradías de la jornada, muy céntricas y cercanas entre sí, ha provocado innumerables intentos de arreglar un día que tiene difícil solución. Aun así, a principios de los 90 se llegó a una cierta estabilidad que, con el fin de la pandemia, ha saltado de nuevo por los aires. Algo ya se intuía cuando cada vez que la lluvia hace acto de presencia –en un día no especialmente castigado por las borrascas– se suelen producir alteraciones, conflictos e incluso arduas disputas como la ocurrida entre la Lanzada y los Panaderos en 2013. Una década después llegó el último cambio tras treinta años, enmarcado en agrias polémicas donde incluso se popularizó un término para definir los acuerdos privados entre algunas hermandades a espaldas de las demás: contubernio.
Más allá de la tercera acepción que la Real Academia de la Lengua da a esta palabra (conspiración, confabulación, connivencia, complot, conchabanza, conchupancia), un cofrade del Miércoles Santo, días antes de que se anunciara la configuración oficial de dicha jornada para este inminente 2024, ya nos adelantaba que no confiaba mucho en la solución adoptada. Incluso calificaba que sería azarosa y casi producto de la desesperación de alguna hermandad por aceptar un daño menor.
Así, este próximo Miércoles Santo se caracterizará técnicamente por reproducir el modelo del pasado año, con tres hermandades especialmente damnificadas: Buen Fin, Cristo de Burgos y Siete Palabras. El Buen Fin repite un horario tempranero e insatisfactorio, así como un recorrido de vuelta por el Arenal y el Museo, que si bien es hermoso estéticamente, es calificado por la hermandad como «inhóspito» a su paso por la calle San Vicente, acostumbrada la corporación franciscana al calor del Salvador, San Lorenzo y la Gavidia, que ahora recuperará al menos en su itinerario de ida. El Cristo de Burgos continúa cerrando la jornada, realizando su estación de penitencia completa de modo nocturno y al desamparo de retrasos previos; podría sugerirse que sopesará la alternativa de alargar la ida hacia Santa Ángela y San Martín, entorno agradable y que evitará la salida a deshoras. La última de las damnificadas es las Siete Palabras, obligada a un extrañísimo rodeo a la Plaza del Triunfo antes de embocar una avenida de la Constitución a la inversa, sin público y con el trasiego de recogida de la carrera oficial. Muchos creen que aceptando adelantar su posición al segundo puesto la mejoría será notable, pudiendo disponer de horario más cómodo para los niños (que presentan un importante porcentaje del cortejo de San Vicente) al poder salir alrededor de las cuatro de la tarde y entrar alrededor de la medianoche tras un itinerario bellísimo y más natural que el actual: por la plaza de Molviedro y el Museo, evitando recorrer toda la calle San Vicente, como sí tiene que hacer el Buen Fin.
Un año más, a diferencia de otras jornadas que –algunas con más acierto que otras– han alcanzado un consenso por el cual prefieren acabar heridas antes que muertas, parece que han prevalecido las opiniones vinculantes de las hermandades más poderosas, cuya ubicación en otras posiciones más extremas del día podían haber servido para una mejor organización del día. El reciente comunicado del Buen Fin apoya esa teoría con expresiones como «beneficios personales» o «esfuerzos no compartidos equitativamente». También se hace alusión a la extrañeza de que no se adopte la propuesta con mayor puntuación de las presentadas por las hermandades -9,3- que ubicaría a San Bernardo como segunda, y al Baratillo como penúltima. No obstante, la falta de acuerdo no es algo nuevo en la historia del día, donde la relación entre las cofradías no se ha caracterizado en las últimas décadas precisamente por una gran cordialidad.
Por lo tanto, en la tempranera Semana Santa de 2024, el Miércoles Santo reflejará pocos cambios respecto a 2023… a diferencia del Domingo de Ramos, Martes Santo y Jueves Santo, que vuelven a tener cambios importantes en el orden de la nómina. Más allá de los cambios de itinerario de las idas del Baratillo (que llegaría a la Plaza Nueva por Méndez Núñez desde la Magdalena) y Siete Palabras (no pasará por el Museo) para evitar frenar el regreso del Buen Fin, el Miércoles Santo nos presentará estampas muy parecidas a las del año pasado. Es interesante resaltar que la ampliación del itinerario de la cofradía de la calle Adriano, favorece que las cofradías del sector de San Vicente regresen por el Arenal sin que sea necesario que San Bernardo (la única que sale hacia la Plaza del Triunfo y no regresa por el Postigo) tenga que ocupar la segunda posición, como reflejan las propuestas con mayor puntuación. Así, pues entre comunicado y comunicado, mientras en el resto de jornadas se acuerdan por unanimidad las distintas configuraciones, en el Miércoles Santo, el poder torero se mantiene y el contubernio continúa.
