La otra crónica del Corpus
Texto de Dani Jiménez
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Llegó el retorno de esta celebración que ha vivido tres suspensiones en cuatro años: primero fue la pandemia (2020 y 2021) y luego la lluvia (2023) lo que nos privó de esta procesión que sobrevive entre oleadas de decaimiento y resurgimiento -ahora parece que gozamos de lo segundo-.
Examen continuo
Ya que estamos en fecha de exámenes, el Corpus sufre de un interés desmedido por evaluar constantemente su estado de salud, siendo una fiesta que ha sobrevivido durante siglos, incluso a guerras y pandemias. Tal vez sea innecesario estar insistentemente preocupados por mantener la vigencia de esta celebración y dejar que la naturalidad siga su curso para que la fiesta se adapte sin tanto Mesías gratuito que luche por salvar lo que no necesita ser salvado. Aún así, buenas son todas las ideas que ayuden a encumbrar la presencia de Dios mismo en la ciudad. Y de las mejores escuchadas, la ahora emergente: incluir el paso de San Hermenegildo.
Vísperas, que aquí también las hay
Empiezan la tarde del miércoles, no antes. Por mucho que nos empeñemos, los conciertos y actos previos deambulan entre lo inadvertido y lo ridículo. Los pasacalles de bandas tienen más músicos que asistentes, y si la banda no es mediática, no tiene ni cangrejeros grabando el acto. Se divierten los turistas «bailando las canciones» y lo sufren las dependientas -permítase el uso sexista, pero es mayoría femenina- de las tiendas de Tetuán de vuelta a casa tras la jornada laboral. Ni media entrada en la Plaza Virgen de los Reyes para presenciar el concierto de las Tres Caídas de Triana, que en Cuaresma abarrota allá donde pise. Esto sólo lo solucionan Rosario de Cádiz o Virgen de los Reyes, visto lo visto.
Póker de salidas
Habría que buscar en los anales, pero parece que existen pocos casos de cuatro procesiones en seis días. Eso disfrutaron los siempre animosos hermanos de la Hiniesta, que nos devolvieron parte de lo perdido en el embarrado marzo. Hasta se lució la Banda Municipal con su hipermarvizoniano repertorio, y por supuesto Arahal, con ritmo y sones más ochenteros. Ya en la noche del Jueves, los cansados cuerpos de la buena gente de San Julián volvieron por sus callejuelas donde no lloró este Domingo de Ramos la Hiniesta por las calles de Sevilla.
Una cerveza, por favor
En este ya imparable proceso de gentrificación, el sevillano cada vez se encuentra más extranjero en el centro de la ciudad, aunque estos días la recuperó parcialmente. Pero es en estos días cuando muchos descubren el proceso de turistificación que azota a la ciudad, donde es más fácil comerse una porción de pizza que tomarse una cerveza en la barra de un bar, misión casi imposible mientras el Señor de la Cena volvía a los Terceros en el caluroso mediodía del jueves.
Nivea, Axe y romero
Fueron días de calor, pero menos de lo esperado. Además de la juncia y el romero, olía a Nivea en las brillantes y sudorosas caras de los enchaquetados capillitas que nutrieron las filas de estos cortejos sacramentales. Nunca está mal prevenir, ni tampoco usar desodorante, y no culpabilicemos del hediento olor a los sufridos costaleros ni a los -muy educados, por cierto- seguidores de AC/DC, recubiertos de su estética rockera a pesar de la alta temperatura que marcaban los termómetros. El romero huele tan bien como el exorno del paso de las Santas Justa y Rufina, pero la mezcla con la cera provocó más resbalones de la cuenta en la Cuesta del Bacalao.
¡Miradlo en la cruz!
Parece que cuando Muñoz y Pabón le hizo esta letra a la cantata que compusiera Manuel Font y que ahora ha tornado en una sensacional marcha procesional de David Hurtado, se estuviera adelantando a los momentos vividos en la mañana del pasado sábado. Brillante procesión extraordinaria del Cristo de Burgos, donde Sevilla descubrió unas estampas del crucificado y de su paso posiblemente desconocidas a la luz del sol. Tejera nos brindó un repertorio simbólico y escogidísimo, donde las marchas fueron todas dedicadas a la celebración o a titulares cristíferos. La corporación de San Pedro se sobrepuso a bastantes inconvenientes, entre ellos la modificación de la idea original por la coincidencia con una manifestación no prevista por el ¿infalible? CECOP.
Los Corpus de los barrios
Y como final de fiesta, decenas de Corpus jalonaron el domingo de su festividad. Como siempre, Triana y la Magdalena, cada cual con su estilo, resultaron especialmente esplendorosos: solemnidad, banderas nacionales, chaqués y pantalones cortos infantiles en la feligresía de la Magdalena. Hasta Tejera recuperó su traje de invierno, y no el veraniego del día previo en San Pedro; cornetas de Tres Caídas, repertorio de marchas con cascabeles, muchos pétalos y mucha sonrisa en los morenos rocieros en Triana. El resto de parroquias también celebraron procesiones de Corpus, más discretas y alguna de ellas con muy escasa participación.
Excesos de… bienestar
Ahora que existe este debate sobre los excesos y las cofradías, creados desde los sectores que precisamente se alimentan de los mismos y las mismas, hay una corriente al alza de sobreabundante protección al patrimonio humano y con especial énfasis en las temperaturas. Es cierto que debemos adaptar nuestras procesiones al, cada vez más, evidente cambio climático, pero de ahí a leer algunas opiniones catastrofistas va un mundo. El cofrade ha tenido históricamente capacidad de sufrimiento (calor, lluvia, trajes de chaqueta, parones, madrugones…) y ahora, en esta sociedad de sobreprotección y confort, los jóvenes cofrades veinteañeros sentencian que «hace mucho calor para ir a ver el Cristo de Burgos».
Check out
Y con el mediodía del domingo, llegó -como este artículo- la hora de hacer las maletas y cerrar este tiempo sacramental. Los tróley cruzaban el domingo al mediodía los cortejos en la desesperada búsqueda de un taxi. Triunfal era conseguirlo. Luego, camino de Santa Justa o del aeropuerto, entre las ventanas de los vehículos por la Ronda, se vislumbraba un amplio número de patrullas policiales cortando el tráfico para desangelados cortejos allá por la Puerta Osario, Carmona o la Carne. El taxista, con el salpicadero lleno de estampas, exhortó: «mira que me gustan las cofradías, pero ya salgo de casa, escucho un tambor y tiro en dirección contraria».
