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¿Una cuestión de recursos?

¿Una cuestión de recursos?

Texto de Dani Jiménez

La Virgen del Amparo Fotografía de Jaime Rodríguez

Con la misma novelería que convertimos en tradicionales fechas como el Black Friday, Halloween o la performance que rodea a la iluminación de las luces de Navidad en nuestro castigado centro histórico, coincide en el calendario todos los meses de noviembre el recurrente debate acerca del exceso de procesiones y eventos religiosos y su repercusión en las ya menguadas cuentas municipales a estas alturas del año.

Es innegable la inflación de procesiones que existe en Sevilla: sería de necios no reconocer que la cifra es elevadísima e incluso tendente al alza. Pero tampoco pasa nada por confesar que esa cantidad se ve amplificada por la enorme difusión mediática que tiene actualmente cualquier acto cofrade, construidos a base de clics, hilos, hastags y reels, o como se diga. También célebres plumillas sevillanos se encargan de magnificar la importancia de apenas seis o siete procesiones extraordinarias todos los años, con una crítica hacia ellas ciertamente tendenciosa e incluso paradójica. Tampoco podemos obviar que el CECOP engloba como «evento religioso» la salida de Cruces de Mayo, los conciertos de bandas en plazas, e incluso ¡los carteros reales! por el mero hecho de ser organizados por una entidad de índole religiosa.

Hace semanas, la celebración de los Grammy en «nuestra» ciudad provocó que una, varias veces, centenaria hermandad de gloria tuviera que modificar levemente su itinerario. No pasa nada, «tó fuera eso». Pero sobre el citado cambio, la voz más autorizada de la ciudad como es su alcalde espetó algo similar a «es que no tenemos recursos para tantas procesiones extraordinarias». Sorprende el desconocimiento de nuestro capitán acerca de lo ordinario -y maravilloso- que es la salida de la Virgen del Amparo el segundo domingo de noviembre.

Ciertamente hay demasiados actos religiosos que ocupan la vía pública y que requieren de demasiados recursos municipales que afectan negativamente a otras zonas de la ciudad. Hace escasas fechas, la hermandad de San Esteban inauguró un azulejo conmemorativo del L aniversario de su cuadrilla de hermanos costaleros. El acto fue aderezado por marchas procesionales y por un corte de tráfico en la saturada Puerta Carmona que requirió de hasta cuatro policías locales. ¿Faltan recursos o no se usan correctamente? Se cuentan por centenares los eventos cofrades con una participación de público inferior incluso al de miembros organizadores del acto, y que cuentan con la presencia de demasiados policías en una gestión que parece bastante poco eficaz, como resulta también llamativa la contundente estampa de muchos camiones de Lipassam tras algunos pasos en extraordinarias (la de la Virgen del Patrocinio, mismamente) o la retirada de coches en vías por la que discurren procesiones de gloria que suscitan una bajísima asistencia de cofrades.

Ahora llegan los Carteros Reales, innecesarios la mayoría de ellos, recorriendo calles del centro donde los niños ya ni están ni se les esperan. Ellos también ocuparán recursos municipales muy cuestionablemente repartidos. Pero los Carteros Reales salen en una fecha de vísperas de felicidad y «caen bien»; los platos rotos los pagó la Virgen del Amparo. Y el año que viene, 44 policías locales menos. Este turbio asunto viene heredado de 2012. Desde entonces Sevilla ha estado gobernada hasta por cuatro alcaldes distintos: Zoido, Espadas, Muñoz y Sanz. Ninguno ha conseguido encontrar una solución. Esperemos que de este negligente suceso y las consecuencias posteriores que sufriremos todos los sevillanos no se señale también a las hermandades como culpables, que está de moda, como las extraordinarias. De eso hablaremos muy pronto.